Los siete errores más comunes cuando bebemos vino

Hay unos errores muy habituales que se cometen cuando vamos a degustar una copa de vino. Este articulo quiere subrayarlos para que se eviten y, de esta manera, mejore nuestro disfrute.
Los siete errores más comunes cuando bebemos vino

¿Cuáles son los errores más comunes cuando bebemos vino?

Cuando abrimos una botella de vino se supone que el objetivo sea disfrutar de ella lo mejor posible. Por esta razón hay que evitar tajantemente una serie de errores (o, a veces, horrores) muy comunes e imperdonables que impiden que nuestro disfrute sea verdaderamente completo. Pueden parecer obvios, pero, creedme, hay muchos que siguen repitiendo los mismos fallos una vez tras otra. Al fin al cabo, es solo cuestión de sentido común. Vamos a verlos.

¿De qué vamos a hablar en este artículo sobre el vino?

Primer error: el contenedor equivocado

Es uno de los errores más comunes: utilizar una copa equivocada, empezando por el fallo más escalofriante, es decir, el vaso de plástico o (menos grave) el vaso de vidrio para el agua sin tallo. Hay que utilizar solo copas y, si es posible, de cristal. No vamos a entrar ahora en las distintas tipologías de copa, que podéis ver en este interesante articulo sobre Copas de vino: tipologías y características. Vale la pena que gastemos unos 3-4 euros por copa (las más económicas). Probad el mismo vino en dos copas distintas y veréis la diferencia.

 

Segundo error: la temperatura de servicio

Es fundamental beber el vino a la temperatura correcta. Normalmente tenemos mucho cuidado con la temperatura de los blancos, los rosados y los espumosos, que sacamos directamente de la nevera, pero no nos preocupamos casi nunca de los tintos que, por supuesto necesitan también ser servidos a la temperatura correcta para evitar que se note solo alcohol (si está por encima de los 20ºC) o solo astringencia (si estápor debajo de los 15ºC). A este propósito, podéis leer el artículo ¿A qué temperatura se sirve el vino? La temperatura del vino correcta, donde os explicamos el asunto más detalladamente.

 

Tercer error: nunca echéis hielo en el vino

¡Absolutamente prohibido echar hielo en el vino! Especialmente en las ciudades más calurosas del Mediterráneo, he visto pedir más de una vez un Rueda «on the rocks«: esto no hay que hacerlo nunca. El hielo, en todo caso, se pone fuera de la botella en la cubitera, para enfriar rápidamente el vino. ¿Entendido?

 

Cuarto error: echar demasiado vino en la copa

Hay bares, restaurantes o personas que para «quedar bien» te llenan la copa hasta el borde. ¡No! Esto no se hace: primero va en contra de las buenas maneras y modales (en una palabra: es muy cutre) y segundo con la copa demasiado llena (estilo tazón de café con leche) no se puede agitar el vino para oxigenarlo y así detectar los aromas y, además, intentándolo lo tiraríamos todo fuera. La cantidad ideal debería ser: 10cl.

 

Quinto error: agitar el vino con burbujas

La rotación del vino para extraer el máximo de su potencial olfativo directo es algo reservado a los vinos tranquilos, es decir todos los que no tienen burbujas. Cava, Champagne, Prosecco, Spumante, e incluso Lambrusco y Moscato d’Asti no se agitan en la copa para olerlos porqué se perdería todo el anhídrido carbónico, es decir, las burbujas que, en el caso de muchos de estos vinos espumosos, ha costado incluso años conseguir.

 

Sexto error: la prisa…

Un error muy clásico, que vemos cometer en todas partes, es agitar el vino y después bebérselo directamente. Vamos a ver, si hacemos las rotaciones es para concentrar los aromas y olerlo, ¿no? Entonces, no tengáis prisa, aunque tengáis mucha sed: si agitáis el vino es para olfatearlo, de lo contrario no sirve a nada, y os arriesgáis a hacer el ridículo. No lo olvidéis.

 

Séptimo y último error: coger mal la copa

Quizás el error más común y evidente es coger mal la copa. El cáliz no es ni un vaso, ni una copa de brandy, es una copa para el vino y hay que cogerla correctamente desde su tallo. No hay que agarrarla por el balón (el cuerpo) y eso por varias razones: primero no nos permite ver bien el contenido; segundo calentamos el vino; tercero nos arriesgamos a oler algo que provenga de nuestras manos y no del vino y, por último, no es nada elegante.

Esperemos que esta pequeña lista pueda ayudaros a mejorar vuestra relación con el vino y disfrutar mucho más de él, como es debido.

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